Después de más de dos semanas por Croacia, decidimos que ya iba siendo hora de pasar la frontera y cruzar al país vecino: Bosnia y Herzegovina. Salimos desde Makarska y después de un gran día en las montañas del Parque Natural de Biokovo, emprendemos ruta hacia la frontera. Esta sería el primer paso fronterizo de todo el viaje en la que tenemos que parar, enseñar los documentos y abrir la furgo.

Desde el primer momento notamos la diferencia al pasar a Bosnia. Ya en la frontera, pasamos el trámite de los pasaportes entre bromas y risas con los policías de la aduana. Mostramos la documentación y nos hacieron abrir la furgo. Aunque sólo miraron desde la puerta, se notaba que tenían más curiosidad en cómo era la furgo por dentro que en buscar algo no permitido.

Desde la frontera, tenemos una hora hasta llegar a Mostar. La carretera no está mal, salvo algunos tramos con el asfalto algo más gastado y con bastantes baches. El paisaje no es muy diferente al que dejamos atrás en los últimos kilómetros de Croacia. Carreteras entre montañas con pendientes no demasiado pronunciadas que pasan por pequeños pueblos. Ya se pueden ver las primeras mezquitas, salteadas con algunas iglesias cristianas y ortodoxas, la diversidad del país en el que estamos entrando va siendo más palpable.

Bosnia ha sido durante siglos punto de encuentro entre oriente y occidente, una región donde han convivido en paz distintas culturas y religiones. Esta historia cambió definitivamente con la terrible guerra que tuvo lugar en los años 90, cuando los enfrentamientos políticos y religiosos enfrentaron a toda la región en una cruel guerra desde 1992 a 1995.

En Mostar, la guerra fue especialmente dura y cruel y toda la ciudad bombardeada y casi destruida. Las huellas de la guerra siguen siendo visibles hoy en día, a pesar de que han pasado más de 20 años desde la finalización del conflicto. Gran parte de los edificios históricos han sido reconstruidos, pero todavía se ven edificios en ruinas y con marcas de metralla por toda la ciudad. Además, los cementerios que conmemoran a las víctimas de la nefasta guerra se ven también muy a menudo.

Actualmente es una ciudad llena de vida, una de las principales de todo el país y posiblemente la más visitada después de la capital, Sarajevo. Es una visita muy común desde la vecina Dubrovnik, en Croacia, lo que hace que en verano las calles empedradas del centro histórico se llenen de turistas.

Mostar es una ciudad que ha crecido en torno al fascinante puente de piedra que se alza sobre el rio Neretva, de hecho el nombre de la ciudad viene del mismo puente el Stari Most o puente viejo. El Stari Most fue construido en el siglo XVI, de estilo otomano, tiene unos 30 metros de largo y unos 4 de ancho y fue uno de los más bonitos y destacables de su época. El puente ha sido históricamente nexo de unión entre las dos principales culturas que convivían en la ciudad, los croatas católicos al oeste del río y los bosnios musulmanes al este.

_DSC2035 _DSC1913Esta convivencia se rompió durante la guerra de los Balcanes, en los 90. Uno de los símbolos de la barbarie de esta guerra, ocurrió durante la mañana del 9 de Noviembre de 1993, el puente fue bombardeado y destruido por la artillería croata, derrumbándose en el río sobre el que se había alzado durante más de cuatro siglos.

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Cuando terminó la guerra en 1995, comenzó el trabajo de reconstrucción del puente, una labor minuciosa, supervisada por la UNESCO. En la reconstrucción se emplearon antiguas técnicas de construcción y se recuperaron las rocas originales del fondo del río. Después de años de trabajo, en 2004 el puente fue inaugurado y forma parte del patrimonio mundial de humanidad desde 2005.

El casco antiguo de la ciudad se extiende a ambos lados del puente y siguiendo el curso del río. Las calles empedradas con casas típicas turcas albergan un auténtico bazar al aire libre. La mayoría de las tiendas ofrecen los productos de artesanía local, especialmente los objetos de cobre y alfombras pero también algunos suvenires de guerra como casquillos de balas con caligrafías árabes talladas.

_DSC1923Pasear por las callejuelas empedradas del casco antiguo es una delicia y si tienes la oportunidad, te recomendamos sentarte a tomar algo en alguna de las terrazas que tienen vistas al puente y al río, ideal para relajarse escuchando el agua del caudaloso río o la llamada a la oración de las mezquitas. También muy recomendable parar a tomar un café turco en cualquiera de las pequeñas tabernas de la ciudad y conocer las historias de los habitantes de Mostar y su gran hospitalidad.

Saliendo del centro histórico, en la avenida principal de la ciudad nos encontraremos con la Plaza de España. Le dieron este nombre en agradecimiento al trabajo realizado por los militares españoles tanto durante la guerra como en las labores de reconstrucción de la ciudad. La plaza se encuentra junto a un llamativo edificio, el Gymnasium de estilo neomorisco.

_DSC2005 _DSC2002En los alrededores de la plaza de España podemos ver varios edificios aún en ruinas y que constituyen un recuerdo visible del horror que supuso la guerra para la ciudad y para el país. Frente a estos, vemos los grafitis y dibujos con mensajes de paz, esperanza y críticas a la opresión pasada (y presente).

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Cerca de la Plaza de España, encontramos el parque de la ciudad. Allí nos encontramos con una curiosa estatua, que también tiene la intención de enviar un mensaje de paz y unidad. Se trata de una estatua de Bruce Lee. Fue inaugurada en 2005, cuando el famoso actor de artes marciales habría cumplido 65 años y era la primera estatua de Bruce Lee del mundo. Creado por el escultor croata Ivan Fiolic, la estatua era un símbolo de solidaridad a un Mostar étnicamente dividido. Se pensaba que todo el mundo amaba Bruce Lee, independientemente de si eran o no de Croacia, Serbia o Bosnia.

En Mostar, como en toda Bosnia, nos hemos encontrado con bastantes perros callejeros. En general, Olivia ha dejado unos buenos amigos perrunos en la ciudad. Una cosa que vamos notando, es que cuanto más nos alejamos de países como Italia o Francia, mayores son los problemas de ir con perro y encontrar bares o cafetería donde dejen entrar a Olivia.

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No podemos irnos de Mostar sin disfrutar de la rica gastronomía bosnia. Nosotros fuimos a un restaurante muy cerca del Puente Viejo, se llama Restaurante Sadrvan. La comida está exquisita, con buenas raciones y muy barato.

Mostar es una de esas ciudades imprescindibles para conocer la historia reciente de Europa. Aunque su puente y los alrededores han sido reconstruidos espléndidamente,   todavía quedan muchos problemas que arreglar, en una sociedad que sigue dividida, tratando de sanar las heridas y el odio que abrió la terrible guerra.

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