Le Cinque Terre es un conjunto de cinco pueblos, Riomaggiore, Manarola, Corniglia, Vernazza y Monterosso al Mare, que se concentran en la costa al norte de la ciudad de la Spezia en la región de Liguria. Forma una zona costera declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1997.

Debido a su singular situación, son una de las mayoreIMG_6423s atracciones de la costa bañada por el Mar de Liguria. Estas cinco pequeñas poblaciones de coloridos edificios y estrechas callejuelas, se encuentran volcadas sobre el mar, encaramadas sobre altos acantilados y rodeadas de terrazas naturales sembradas de viñedos. Con pequeños huertos y  bellas playas para culminar una combinación perfecta para perderse unos días.

Los cinco pueblos están conectados por tren desde 1874 y pasan con mucha frecuencia trenes desde La Spezia y Levanto. Así que, una de las formas de explorar los pueblos es por tren, pero sin duda la mejor manera de visitar Cinque Terre es andando por la amplia red de senderos que conectan los pueblos y rodean toda la zona.

Existe una tarjeta de llamada Cinque Terre Card, nosotros no la compramos, pero en temporada alta puede ser útil tenerla para entrar en determinados senderos del parque y ahorrar a la hora de tomar trenes. Además, la tarjeta da opción a visitas guiadas, utilización de los autobuses del parque o de uso ilimitado de la línea de trenes entre los pueblos de Levanto y La Spezia. Nosotros llegamos hasta Monterroso y allí fijamos nuestra base.

Monterroso es el pueblo más grande de los cinco que componen el parque natural. Aparcamos la furgo justo a la entrada del pueblo, junto a la playa. Hay un gran parking, que según nos dijeron en años anteriores era gratuito fuera de temporada, pero ahora sí hay que pagar. El precio va desde los 18 € si estas un día hasta los 10 € a partir del cuarto. Pero viendo que el pueblo está casi vacío y que no hay problemas de aparcamiento, aparcamos fuera.

MONTEROSSO AL MARE

Nosotros empezamos con este pueblo la visita, es el que está situado más al norte de los cinco y  el primero de la zona en ser documentado.
Monterosso está dividido en dos partes, una parte nueva o Fegina, donde está la estación de tren y la zona otra parte está más preparada para turistas, con las playas más extensas de la zona y un mayor número de hoteles y restaurantes. A unos cientos de metros, atravesando un túnel encontramos el casco antiguo de esta población.
Lo primero que vemos al entrar en el pueblo es la iglesia de San Giovani Battista de s. XIV, desde ahí empezamos a caminar por las estrechas callejuelas, donde empezamos a ver las coloridas casa y sus floridas fachadas. Otro de los monumentos importantes es el monasterio y la iglesia de San Francisco desde donde hay una vistas del pueblo y el Gigante, una enorme estatua de cemento construida a principios del s. XX y que en origen sostenía sobre los hombros una terraza en forma de concha, este último se encuentra en la zona de Fegina.

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RIOMAGGIORE

Después decidimos coger un tren y así llegar al pueblo más al sur de los cinco. Al llegar a Riomaggiore sorprende la forma en la que las casas se amontonan unas sobre otras, coloreando las laderas del valle que ocupa hasta terminar en el mar.

Las mascotas son bien recibidas en los trenes de Italia, es más, existe un billete especial para animales por el precio de 1,80€ frente a 2,10€ del billete de persona. Italia en general, es una maravilla de para viajar con tu mascota, son bienvenidas en cualquier establecimiento (tiendas, algunos supermercados, restaurantes, transporte público,etc.)

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Una vez que llegamos a Riomaggiore, nos disponemos a subir a lo alto del castillo que corona la montaña sobre la que se encarama el pueblo. Riomaggiore es posiblemente el pueblo en el que más pendientes encontramos mientras callejeamos por las estrechas calles, con sus casas de colores y con un gran número de limoneros y naranjos en sus jardines. Desde arriba, se aprecia cómo las montañas  terminan bruscamente en el mar, creando unos lugares con una magia especial. Uno de esos lugares que vemos desde el mirador, es una de las sendas más famosas de toda Italia, la “Via Dell’amore”.

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De Riomaggiore parte el “Via dell’Amore”, un sendero muy llano, de algo más de un kilómetro que está escavado en la roca, junto al mar y conecta Riomaggiore con Manarola. Actualmente, el sendero se encuentra cerrado debido a los desprendimientos ocurridos a finales de 2013.

MANAROLA

Desde Riomaggiore a parte de la “Via dell’Amore”, podemos llegar a Manarola caminando por el sendero 531. Es una caminata de una hora más o menos, pero con un desnivel bastante acentuado. El sendero discurre entre huertos y viñedos, subiendo una empinada escalera de piedra desde donde podemos disfrutar de unas magníficas vistas del mar, de los pueblos y de todo el parque natural.

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La ruta tiene bastante desnivel y además en algunas zonas la escalera es algo resbaladiza, por lo que es recomendable ir con buen calzado. Realmente, merece la pena el esfuerzo, nosotros hicimos la ruta al atardecer y conforme íbamos subiendo el sol iba cayendo sobre el mar, lo que hacía una estampa fantástica de la costa en la que está el pueblo.
Manarola es un pueblo encaramado a la roca,con estrechas y sinuosas calles que desembocan en una costa rocosa. Vemos un pueblo donde las barcas han ocupado las calles, que en temporada alta seguramente se vean sustituidas por las terrazas de los bares.
A través de un estrecho túnel llegamos a la estación de tren donde volvemos a Monterroso.

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VERNAZZA

Nuestro segundo día lo dedicamos a visitar Vernazza. Desde Monterroso tomaremos el sendero azul, que sube desde el mar por la ladera de la montaña entre viñedos y olivos, en un agradable paseo con alguna subida algo exigente. Durante la ruta, pasamos de zonas de campos con terrazas cultivadas a densos bosques, siempre paralelos al mar. Cuando empezamos a descender vemos unas vistas espectaculares de Vernazza, para nosotros el pueblo más llamativo de Les Cinque Terre.

Vernazza se sitúa sobre un pequeño promontorio rocoso que se adentra en el mar y sobre el que se sitúa el Castillo de Belforte. Junto con el castillo, la otra gran obra es la Iglesia de Santa Margherita di Antiochia, ambas rodean la plaza donde se ubica el pequeño puerto. Éste está protegido con un pequeño espigón, donde es un auténtico placer sentarse y disfrutar de las vistas, de sus gentes y de la brisa marina.

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CORNIGLIA

En tren llegamos al pueblo más pequeño de los cinco. Desde la estación hay una escalinata de 337 escalones que conecta con el centro del pueblo.Corniglia es el único de los cinco pueblos que no tiene acceso directo al mar, se encuentra situado en una colina de unos cien metros de altura y está rodeado por campos repletos de viñedos. Aconsejaríamos no perderse el mirador que hay al final de la calle principal, desde donde se puede apreciar gran parte del parque nacional.

Después de Corniglia volveremos a Monterosso, donde terminaremos nuestra estancia en este espectacular enclave para seguir hacia La Spezia al día siguiente.

Antes de cerrar este post queremos dejaros aquí uno de los restaurantes donde pudimos disfrutar de la auténtica cocina italiana. Se llama  “La Taverna”, y está en Monterroso. Degustamos unos ricos trofie al pesto genovés y una pizza con salame picante, todo acompañado por una buena birra Moretti. El trato es excelente y la música inmejorable.

Con esto nos despedimos de Cinque Terre, pero con la seguridad de que volveremos en otra época del año para poder disfrutar también de las playas y mejor tiempo de este bonito rincón de Italia. Dicen que la mejor época para visitarlos es en primavera, pero la energía de estos pueblos, la tranquilidad y la buena gente no saben de estaciones, siempre están presentes.

Aquí Olivia os deja su versión de las Cinque Terre.

 

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Cinque Terre

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